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Veredas. Revista del Pensamiento Sociológico


Priscila Solís Ochoa / Licenciada en Sociología. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco.

En el universo de las narrativas visuales, la historieta ha sido históricamente relegada al margen de las formas legítimas del saber. Laura Nallely Hernández Nieto, especialista en historieta mexicana y Doctora en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), combina su labor como profesora investigadora de la licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Xochimilco, con la curaduría de exposiciones tales como ¡Pásele, pásele! Y échele un vistazo a la historieta mexicana en España y México, compuesta en gran medida por números de su colección que amablemente nos proporcionó para el presente número. Es también miembro de la Red de Investigadoras e Investigadores de Narrativa Gráfica en Latinoamérica (RING) y del proyecto ICOn-MICs, Investigación sobre el Cómic y la Novela Gráfica en el Área Cultural Ibérica, además de ser chair del Comic Art Working Group de la International Association for Media and Communication Research (IAMCR). Su trabajo parte de la idea de que la historieta no es sólo un medio de entretenimiento, sino un espejo de la sociedad que la produce. En nuestra conversación nos invita a mirar de cerca las viñetas y nos advierte que en ellas encontraremos anhelos, emociones y conflictos de distintas épocas.

El hallazgo de un lenguaje propio

Su interés por la historieta comenzó en la infancia como un gusto compartido con su padre, quien la introdujo a la obra de Gabriel Vargas (1915-2010). Crecer rodeada de los materiales que él leía –desde Rius hasta Mafalda–marcó un punto de partida que años después retomaría al elegir el tema de su tesis de licenciatura en Comunicación Social en la UAM Xochimilco. Fue a partir de La familia Burrón que decidió estudiar cómo un objeto de la cultura popular podía “consagrarse” dentro del campo del arte. Recuerda con emoción que uno de los lectores de aquel primer trabajo que marcó el curso de sus investigaciones futuras fue el caricaturista José Hernández.

La historieta mexicana que, en su momento llegó a ser una de las industrias culturales más influyentes del país, representaba para Laura un medio atractivo y fuera de lo convencional para explorar los imaginarios colectivos que han atravesado a la sociedad mexicana. En sus páginas no sólo quedaban registradas las transformaciones urbanas, políticas y económicas, sino también las emociones, los deseos, las aspiraciones y los sueños de distintas generaciones.

Su primer acercamiento a la historieta como archivo la llevó a explorar títulos y materiales que fueron ampliando su curiosidad. Entre ellos encontró entrevistas en línea que decidió imprimir y conservar, anticipando que, con el tiempo, desaparecerían del espacio digital. Recuerda en particular una entrevista a Gabriel Vargas en la que el autor hablaba de Los Superlocos, su obra previa a La familia Burrón. Aunque no es su historieta más conocida, Los Superlocos, publicada en los años cuarenta, retrata el proceso de modernización de la Ciudad de México. Para su tesis de maestría, decidió analizar a su protagonista, Don Jilemón Metralla y Bomba, un caudillo que poco a poco se transformaría en un ciudadano cosmopolita y que encarna el tránsito hacia un modelo aspiracional inspirado en el American way of life.

Más adelante, en su tesis doctoral, descubrió otro personaje central en esa misma obra que le resultaba igual de apasionante: la Ciudad de México, entonces Distrito Federal. Para Laura, Los Superlocos funciona como una crónica de la capital en viñetas, un registro detallado y casi en tiempo real de sus transformaciones. Describe con entusiasmo cómo Vargas, a través de un trazo realista y minucioso, consigue dar cuenta de las etapas constructivas de edificios emblemáticos como el de la Lotería Nacional o el desaparecido La Mariscala, demolido tras los daños que sufrió en el sismo de 1985.

Tras concluir el doctorado, Laura decidió continuar su investigación en torno a las obras publicadas en las décadas de los cuarenta y cincuenta, consideradas la época de oro de la historieta mexicana. En septiembre de 2019 fue admitida en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas para realizar una estancia posdoctoral bajo la tutoría del escritor Vicente Quirarte. Eligió ese espacio porque la Hemeroteca Nacional resguarda el archivo de historieta más importante del país. Sin embargo, la llegada de la pandemia alteró sus planes y la obligó a replantear su camino. Con los archivos y bibliotecas cerrados, tuvo que enfocarse en materiales a los que podía acceder desde su entorno inmediato. Ese giro la llevó a acercarse a la producción actual de la historieta y a abrir nuevas líneas de análisis sobre otros formatos contemporáneos.

Ese mismo contexto trajo nuevas posibilidades. El distanciamiento físico dio pie a la cercanía virtual que le permitió vincularse con investigadoras y autores de distintas partes del mundo, difundir sus avances mediante conferencias y charlas en línea y consolidar redes de colaboración que aún perduran. Gracias al apoyo de su tutor, organizó un coloquio internacional en el que participaron representantes de once países, experiencia que recuerda como un momento de especial apertura. Además, fue invitada a encuentros académicos en España, Colombia y Chile, donde pudo compartir sus hallazgos y dialogar con especialistas que abordan la historieta desde perspectivas diversas.

La participación en congresos, talleres y estancias fuera del país ha sido igualmente decisiva para ampliar su mirada. Estas experiencias le han permitido aprender de colegas con trayectorias distintas y acercarse a expresiones gráficas más allá de la historieta mexicana. En ese recorrido destaca su incorporación a la RING, fundada en Chile como un espacio que fortalece el diálogo regional. Frente al eurocentrismo que todavía predomina en la investigación, subraya la importancia de generar marcos de análisis propios. Para ella, estudiar la historieta mexicana implica reconocer la necesidad de narrarnos desde nuestras propias tradiciones culturales y evitar que la construcción de nuestra memoria gráfica quede subordinada a interpretaciones externas que, con frecuencia, reducen a América Latina a un bloque homogéneo y desatienden las particularidades históricas, políticas y culturales, que dotan de sentido a las expresiones locales. Considera que el acto de producir conocimiento desde dentro constituye, en sí mismo, una labor de resistencia frente a las lecturas dominantes y afirma que el futuro de la investigación en historieta la emociona profundamente.

Laura considera que para estudiar la historieta –al igual que cualquier producto cultural– es fundamental dejar de lado prejuicios o ideas preconcebidas y abordarla como un documento que refleja la sociedad en la que se produce. Sólo de esta manera es posible comprender los imaginarios, valores
y expectativas que atravesaban a una determinada época. Es necesario “ponerse los lentes de la época a la que corresponden”; es decir, situarse en el contexto histórico y cultural en el que surgió, sin perder de vista sus limitaciones ni el marco social que la condicionó. Este enfoque permite ver más allá de los juicios actuales y comprender cómo tales representaciones participaban en la configuración de la cultura popular y en la construcción de imaginarios colectivos de su tiempo.

Menciona también que es una creencia común que la historieta debe ser siempre humorística. No obstante, señala que muchas obras abordan temas bastante profundos sin hacer uso de elementos cómicos. Por ejemplo, ¿A dónde nos llevan?, de Augusto Mora, que trata sobre la desaparición de los 43 normalistas; mientras que Resignación, de Alejandra Guaní, retrata cómo la violencia cotidiana en Ciudad Juárez durante la guerra contra el narcotráfico afectó la salud mental de sus habitantes. Destaca la importancia de considerar expresiones como la novela gráfica como archivo: aunque no existen cifras oficiales sobre este impacto, a través de relatos que combinan ficción y realidad, estas obras reflejan experiencias compartidas por muchas personas en el país, mostrando dimensiones de la vida social que los registros formales rara vez capturan.

Sobre la producción actual de historietas, Laura señala la importancia de apoyar los proyectos locales, ya que detrás de muchos de ellos hay una sola persona que no sólo crea la obra, sino que también se encarga de editar, imprimir, difundir y vender. Esto ocurre porque la industria editorial de la historieta tal como se conocía, prácticamente ha desaparecido y cada vez se publican menos ejemplares impresos. Hoy, los autores se mueven mayormente de manera independiente y, en muchos casos, la única manera de acceder a su trabajo es a través de convenciones especializadas.

Al preguntarle por sus tres cómics favoritos, Laura coloca en primer lugar a Los Superlocos, una obra a la que le tiene un cariño especial; la considera brillante y valora que muestre una faceta de Gabriel Vargas más irreverente que en La familia Burrón. También menciona a Rius, destacando la influencia que tuvo en su vida desde niña: tras leer La droga que refresca, decidió no tomar Coca-Cola y después de explorar sus textos sobre vegetarianismo y alimentación, se convirtió en vegetariana por un tiempo y hoy en día evita comer alimentos procesados. Explica que, más allá del gusto por las historietas, las ideas políticas que Rius difundió también tuvieron un impacto en su forma de pensar y en decisiones personales. Por último, menciona a Mafalda, un personaje que la ha acompañado desde la infancia y que nunca falla en hacerla reír, recordándole la fuerza del humor como una forma de crítica y reflexión social.

Esa pasión por los cómics no se quedó en la lectura: pronto Laura comenzó a armar su propio acervo, buscando números de épocas específicas y gastando sus primeros sueldos en La Lagunilla, donde los vendedores tenían un conocimiento profundo del mercado y de la tradición del coleccionismo. Con el tiempo, este mercado se trasladó a plataformas digitales como Facebook, pero la dinámica cambió: la venta se volvió más selectiva y muchas veces depende de subjetividades como la conexión que se genere entre vendedor y comprador, pues no le venden a cualquiera y hay que ganarse la confianza de quienes manejan esos grupos. Además, explica que en plataformas menos especializadas se aprovechan de que muchas personas desconocen los valores reales de ejemplares y terminan inflando los precios, abusando de la falta de experiencia de los compradores. Afortunadamente, Laura logró conseguir varios números que hoy son sus tesoros más preciados, de la mano de Pedro Barrios, uno de los mayores coleccionistas del país, ya retirado, cuya generosidad y conocimiento le recuerdan el valor de la paciencia, la dedicación y el respeto por la historieta como objeto cultural. Recuerda que este paso al coleccionismo surgió también durante la pandemia en función de continuar trabajando en sus proyectos cuando los archivos y bibliotecas permanecían cerrados, ya que las licencias de las historietas de la época de oro no se han liberado aún y, por consiguiente, no se han digitalizado.

Regreso a la UAM Xochimilco

La dedicación a la historieta y las expresiones gráficas constituye sólo una de las facetas de la Dra. Hernández Nieto, pues su trayectoria profesional también se despliega en un terreno distinto: la docencia universitaria. En la UAM Xochimilco su labor está enfocada en el campo de la comunicación desde un enfoque teórico, un ámbito que de alguna manera mantiene separado de sus proyectos en torno a la historieta. Señala que a los estudiantes suele interesarles más conocer sobre su trayectoria trabajando en la televisión, un medio al que llegó al egresar de la licenciatura para realizar prácticas profesionales y en el que posteriormente la contrataron como parte de la redacción de un famoso noticiario. Tiempo después trabajó también en el Canal del Congreso, esta vez en el área de producción, hasta que después del doctorado decidió dejar los medios televisivos y dedicarse por completo a la investigación y a la docencia. De este modo, conviven en ella dos universos que no necesariamente se intersectan, pero que revelan la amplitud de sus intereses y la manera en que logra sostener con la misma disciplina la investigación y el compromiso con la enseñanza.

Considera que su carrera como profesora y comunicóloga le exige también estar actualizada en cuanto a las expresiones y objetos culturales de la época. Reconoce estar interesada en saber qué está ocurriendo en el presente y en observar el mundo desde la perspectiva actual, de la misma manera en que mira al pasado con las gafas de la época correspondiente al estudiar la historieta o la novela gráfica. Si bien estar en contacto con los temas de actualidad es algo que nace de su naturaleza curiosa y de prestar atención a la relación que existe entre los productos culturales y los imaginarios colectivos, señala que través de formatos como memes, reels y TikToks, no sólo logra acercarse a los temas de moda, sino que estos también le permiten comprender con mayor profundidad el humor, las preocupaciones, los sueños y los sentires de los estudiantes. Laura es consciente de que incluso aquellas expresiones culturales que pueden resultar polémicas merecen ser contempladas desde un enfoque que, lejos de juzgar, busque explicar los contextos y las circunstancias en las que se producen, valorando así la riqueza y la complejidad del presente.

Dentro de su labor en la Universidad Autónoma Metropolitana, Laura ha encontrado un espacio que le permite explorar sus intereses más allá de la docencia, articulando la investigación con la curaduría y la difusión cultural. En este contexto se llevó a cabo en la Plaza Roja de la unidad Xochimilco la exposición “¡Pásele, pásele! Y échele un vistazo a la historieta mexicana”, que se expuso previamente en el Salón del Cómic de Valencia, España, del 1 al 3 de marzo del 2024. El proyecto ofrecía un recorrido visual compuesto por ejemplares pertenecientes tanto a su propio acervo como a otro archivo privado, integrando análisis, memoria y apreciación estética. La exposición se realizó en el marco del quincuagésimo aniversario de la universidad y permitió acercar al público universitario a la riqueza de la historieta mexicana, evidenciando que los espacios académicos pueden servir también para dar visibilidad a manifestaciones culturales poco convencionales por ser consideradas objetos de la cultura popular. Explica que la muestra fue posible gracias a la colaboración entre la Licenciatura en Comunicación Social de la UAM Xochimilco y la Cátedra del Cómic de la Universidad de Valencia, resaltando la importancia del trabajo conjunto.

La exposición permite apreciar, por una parte, la riqueza temática en las expresiones gráficas y, por otra, observar las transformaciones en cuanto a género y estilos. Comienza con títulos de principios del Siglo XX, como Mamerto o Don Catarino, seguido de ejemplares de la época de oro para posteriormente pasar a la época de plata. Es importante mencionar que la popularización de los aparatos televisivos tuvo una influencia directa en el descenso en las ventas de historietas y eso implicó un tránsito de un momento en el que se realizaban tirajes de más de un millón de ejemplares semanalmente, a un periodo en el que había diversas opciones de ocio. La industria de la historieta también se vio afectada en las décadas de los ochenta y noventa por la crisis económica en nuestro país, lo que hizo que surgieran nuevas propuestas desde lugares independientes y la introducción de nuevos formatos como los fanzines.

La exposición permite recorrer de manera casi cronológica la historia de la historieta mexicana, apreciando tanto la riqueza temática como la evolución de estilos y géneros. Desde los primeros títulos del siglo XX, como Mamerto o Don Catarino, se puede observar cómo los autores abordaban la vida cotidiana y los imaginarios de la época, para luego adentrarse en la Época de Oro, con tirajes masivos y personajes que se volvieron iconos culturales, y finalmente llegar a la Época de Plata, donde los cambios en la industria y en los públicos comenzaron a marcar nuevos rumbos. La llegada de la televisión transformó los hábitos de consumo y provocó que las ventas de historietas descendieran notablemente. Más adelante, las décadas de los ochenta y noventa trajeron consigo crisis económicas que impactaron directamente a la industria, alentando la creatividad de autores independientes y la aparición de formatos alternativos como los fanzines. Recorrer la exposición es, entonces, no sólo observar los cambios estéticos y narrativos de la historieta, sino también comprender cómo las transformaciones tecnológicas, económicas y sociales, han influido en la producción y en la recepción de estas expresiones culturales.

La trayectoria de la Dra. Laura Nallely Hernández Nieto ofrece un valioso punto de partida para reflexionar sobre la historieta como un espacio de conocimiento que trasciende el mero entretenimiento y que constituye un testimonio de la sociedad que la produce. Su trabajo demuestra que un objeto cultural puede ser estudiado, coleccionado y expuesto, sin perder su esencia popular, al mismo tiempo que recibe reconocimiento en campos académicos y artísticos. La conjunción de investigación, docencia, curaduría y coleccionismo en su labor, revela cómo la academia puede dialogar con la cultura de manera creativa y rigurosa, y evidencia que la historieta no sólo refleja la vida social, sino que también contribuye activamente a la construcción de memoria y a la elaboración de narrativas propias desde un contexto latinoamericano. La rigurosidad y pasión con la que aborda cada proyecto demuestra su compromiso por rescatar y difundir estas expresiones culturales que la acompañaron desde niña.

Además, su experiencia resalta la importancia de adoptar un enfoque contextual y crítico al abordar cualquier producto cultural. La historiografía de la historieta mexicana, desde los primeros títulos del siglo XX hasta los formatos contemporáneos, se entrelaza con fenómenos sociales, políticos y económicos, que determinan la producción y circulación de estas obras. La labor que realiza permite valorar la riqueza estética, histórica y social de la historieta, así como reconocer la dedicación de los autores que trabajan de manera independiente en un mercado cada vez más reducido y especializado. También demuestra la importancia de la vinculación y creación de redes de colaboración con colegas que compartan ideales e intereses, de crear comunidad desde experiencias individuales para atender preocupaciones colectivas.

Finalmente, el trabajo de la Dra. Hernández Nieto nos invita a pensar la investigación cultural como un acto de resistencia y de construcción de memoria. Al estudiar, recopilar y difundir la historieta mexicana desde nuestras propias tradiciones y perspectivas, se establece un diálogo entre pasado y presente que permite comprender la complejidad de las expresiones culturales y su impacto en la vida cotidiana. Su labor no sólo confirma la relevancia de la historieta como objeto de estudio legítimo, sino que también abre caminos para que nuevas generaciones de académicos, artistas y lectores, reconozcan el valor de estas narrativas como documentos vivos que registran emociones, conflictos y aspiraciones de la sociedad. Así, la historieta narra desde su propio lenguaje la vida misma y sus múltiples contradicciones y posibilidades.