{"id":5424,"date":"2025-05-07T21:51:29","date_gmt":"2025-05-07T21:51:29","guid":{"rendered":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/?p=5424"},"modified":"2025-08-10T14:07:26","modified_gmt":"2025-08-10T14:07:26","slug":"trato-y-maltrato-medico-el-etnografo-como-paciente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/2025\/05\/07\/trato-y-maltrato-medico-el-etnografo-como-paciente\/","title":{"rendered":"Trato y maltrato m\u00e9dico. El etn\u00f3grafo como paciente"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-buttons is-horizontal is-content-justification-right is-layout-flex wp-container-core-buttons-is-layout-6dff3906 wp-block-buttons-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-button is-style-outline is-style-outline--1\"><a class=\"wp-block-button__link wp-element-button\" href=\"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/3d-flip-book\/maltrato-medico-v46\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Flip Book \/ descarga PDF<\/a><\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"682\" src=\"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2025\/05\/pexels-pixabay-40568-1024x682.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5425\" srcset=\"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2025\/05\/pexels-pixabay-40568-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2025\/05\/pexels-pixabay-40568-300x200.jpg 300w, https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2025\/05\/pexels-pixabay-40568-768x512.jpg 768w, https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2025\/05\/pexels-pixabay-40568.jpg 1280w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Pixabay<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Bruno Lutz<\/strong> \/ Doctor en Ciencias Sociales. Profesor investigador, Departamento de Relaciones Sociales. Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana, Unidad Xochimilco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">23 de febrero del 2023 \/ Era noche y ten\u00eda la presi\u00f3n muy alta. Me fue imposible controlarla. El fuerte malestar que sent\u00eda me oblig\u00f3 a ir de emergencia a un hospital para ser atendido. As\u00ed es que mi esposa me llev\u00f3 al \u00e1rea de Admisi\u00f3n Continua del Centro M\u00e9dico Nacional XX de Noviembre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap wp-block-paragraph\">Dos fueron las razones por las que decid\u00ed elegir este hospital de muy alta especialidad del ISSSTE. Primero, soy derechohabiente del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado. Dos, en el Centro M\u00e9dico Nacional XX de Noviembre estaba realizando precisamente una etnograf\u00eda institucional del servicio de Urgencias denominado ah\u00ed \u201cAdmisi\u00f3n Continua\u201d. Para conocer <em>in situ<\/em> el trato que reciben los pacientes de un hospital, uno puede laborar como param\u00e9dico (Peneff, 1992, 2000), presentarse como colaborador (Goffman, 2001), fingir alg\u00fan padecimiento o llegar efectivamente enfermo (Testa, 1993). Este \u00faltimo fue mi caso. Me present\u00e9 como un paciente cualquiera, lo cual me servir\u00eda para observar los procedimientos del nosocomio.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era medianoche. Mientras busc\u00e1bamos el acceso, observamos que todo estaba cerrado y a oscuras. Finalmente, por una peque\u00f1a puerta ingresamos al tiempo que un auto se dirig\u00eda al estacionamiento. El polic\u00eda nos dej\u00f3 pasar sin pedirnos nada. Al llegar a Admisi\u00f3n Continua notamos que las puertas autom\u00e1ticas estaban cerradas. La mujer polic\u00eda al interior estaba dormida en su silla, lo mismo que el recepcionista detr\u00e1s del mostrador. Haciendo uso de la fuerza logramos abrir las puertas de cristal para poder pasar, pues el sistema de apertura autom\u00e1tica estaba suspendido. (M\u00e1s adelante supimos que en las noches el personal altera intencionalmente el mecanismo de apertura de las puertas autom\u00e1ticas para evitar la entrada de aire fr\u00edo y alterar su sue\u00f1o).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegamos al mostrador. Mi familiar indic\u00f3 al recepcionista que me sent\u00eda muy mal. El administrativo se puso a buscar con veleidad las hojas de admisi\u00f3n, pero jam\u00e1s las encontr\u00f3. Debido a que no hab\u00eda lugar d\u00f3nde sentarme -y que los minutos transcurr\u00edan lentamente- recargu\u00e9 mi cabeza sobre mis brazos posados en el mostrador. En ese momento la polic\u00eda, ya despierta, me ofreci\u00f3 su silla. A los dos minutos sali\u00f3 una doctora y me permiti\u00f3 sentarme en el \u00e1rea de Triage. Sin preguntarme nada y solo con la menci\u00f3n de mi esposa de que ten\u00eda la presi\u00f3n muy alta, y a punto del infarto, me hizo pasar al \u00e1rea de choque. Cabe aclarar que en la etapa del Triage, en principio se toman los signos vitales del paciente y se le hace una serie de preguntas relativas a sus s\u00edntomas para poder asignarle un nivel de gravedad (Illescas Fern\u00e1ndez, 2006). No fue mi caso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La m\u00e9dica que me atendi\u00f3 pidi\u00f3 recostarme de inmediato en una cama, quitarme la camisa, el reloj, la pulsera de metal, mi cadena y mis lentes para poder colocarme un aparato de electrodos sobre el pecho. Ya acostado, la profesionista se quej\u00f3 por el vello de mi t\u00f3rax, pues los electrodos no lograban adherirse a la piel. Despu\u00e9s de batallar por un momento, pidi\u00f3 apoyo a un residente. Este \u00faltimo fue a buscar un rastrillo, lo cual le llev\u00f3 algo de tiempo. \u201cLa jefa dijo que hay que darle choques si se est\u00e1 infartando\u201d, dijo en voz alta la mujer a su colega. Hasta este momento no hab\u00edan preguntado c\u00f3mo me sent\u00eda o si era la primera vez que padec\u00eda de tales s\u00edntomas. Mientras estaba acostado observaron los datos del electrocardiograma. Las cifras antes que las palabras. No detectaron indicios de infarto, por lo que me quitaron los electrodos y me pidieron caminar hasta las camas de observaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Enfermo, estaba por convertirme en paciente en proceso de desposesi\u00f3n de identidad, como observ\u00f3 Zola (1967) en un hospital brit\u00e1nico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estando medio vestido, segu\u00ed a la doctora hasta una sala grande. Me permitieron sentarme en una de sus sillas. Alguien me dio una bata y me pidi\u00f3 cambiarme. Otros preparaban la cama n\u00famero 3. Me puse la prenda en medio de todos, sin privacidad alguna. No solo me sent\u00ed despojado de mis pertenencias, sino de mi propia intimidad. A partir de ese momento tuve la sensaci\u00f3n de que les pertenec\u00eda. Me hab\u00edan expropiado de mi \u201cyo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras tanto, otro doctor abord\u00f3 en el pasillo a mi esposa para preguntarle sobre el medicamento que tomaba y la dosis. Ella le ense\u00f1\u00f3 una caja de medicinas, pero dado que no sab\u00eda a ciencia cierta la posolog\u00eda, el residente asumi\u00f3 que me la suministraba incorrectamente, por lo que llam\u00f3 la atenci\u00f3n a mi acompa\u00f1ante y enseguida pas\u00f3 el reporte a la doctora con desesperaci\u00f3n: \u201cdoctora, el paciente trae medicaci\u00f3n descontrolada\u201d. (Esta conclusi\u00f3n result\u00f3 ciertamente precipitada, puesto que desde hace un mes que segu\u00eda una prescripci\u00f3n m\u00e9dica). Ya acostado en la cama n\u00famero 3, la doctora entrevist\u00f3 a mi esposa para pedirle datos generales: mi nombre, edad, lugar donde laboro, oficio, tipo de sangre\u2026 Posteriormente solo se dirigi\u00f3 a mi para precisar ciertos datos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Enseguida, una enfermera coloc\u00f3 un cat\u00e9ter en mi brazo derecho y un residente dej\u00f3 una c\u00e1nula en una vena de mi mu\u00f1eca izquierda para monitorear mis signos vitales. Sus gestos eran mec\u00e1nicos, sus palabras escuetas. Apenas si me daban instrucciones. Entend\u00eda que estaba completamente a su merced. Me hab\u00edan despojado de todas mis pertenencias, de mi ropa, de mi autonom\u00eda, pero tambi\u00e9n de mi derecho a sentir. Pr\u00e1cticamente les parec\u00ed indiferente. Hab\u00eda dejado de ser Bruno Lutz, con cuerpo y alma, para convertirme en un paciente con crisis hipertensiva. Experimentaba en carne propia lo que Goffman (2021) denomin\u00f3 la \u201cmortificaci\u00f3n del yo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afuera se escuchaba c\u00f3mo la doctora y otro joven (quiz\u00e1 un residente) disent\u00edan sobre la dosis que correspond\u00eda: \u201c\u00bfC\u00f3mo ve, doctora? \u00bfLe suministramos dos gramos?\u201d \u201cNo creo, porque la otra vez que lo hicimos se descontrol\u00f3 m\u00e1s el paciente. Yo creo que mejor uno, \u201c\u00bfC\u00f3mo ves?\u201d \u201cOk. Y ya vemos c\u00f3mo responde\u201d. \u201cDe acuerdo\u201d. En ese instante supe que me convertir\u00eda en un conejillo de indias que estar\u00edan monitoreando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una enfermera me tom\u00f3 la presi\u00f3n por primera vez. El valor de 200\/147 se qued\u00f3 registrado en pantalla. Alguien lo anot\u00f3 en unas hojas que estaban sobre una peque\u00f1a mesa y se fue. Otra enfermera me dio una primera pastilla, mientras me indicaba el nombre del medicamento. Hasta ese momento, el personal me hab\u00eda dado un trato regular, aunque sin preguntarme c\u00f3mo me sent\u00eda ni inquirir si necesitaba algo m\u00e1s. Mientras tanto, afuera, en la zona de <em>triage,<\/em> mi esposa conclu\u00eda el tr\u00e1mite de registro para que pudieran hacerme estudios de laboratorio. De noche, la burocracia hospitalaria es m\u00e1s lenta y la demora se prolonga m\u00e1s f\u00e1cilmente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">R\u00e1pidamente tuve la necesidad de orinar. La presi\u00f3n en mi vejiga se hac\u00eda cada vez m\u00e1s fuerte. Pero una vez que hab\u00edan terminado con sus gestos t\u00e9cnicos, las enfermeras no volvieron a acercarse. Hab\u00edan cerrado las cortinas tal vez para impedir que entrara en comunicaci\u00f3n con ellas. Las escuchaba platicando y riendo en medio de la sala. Incluso, escuch\u00e9 c\u00f3mo un miembro del personal ve\u00eda una telenovela. Debido a mis ganas cada vez m\u00e1s fuertes de orinar, me arrim\u00e9 hasta la extremidad de la cama y abr\u00ed las cortinas para pedir asistencia. Tuve que esperar m\u00e1s tiempo antes de ver pasar a alguien. Lamentablemente no hab\u00eda ning\u00fan bot\u00f3n de emergencia para poder ser auxiliado. As\u00ed es que al primero que vi le extern\u00e9 mi urgencia. Una enfermera vino enseguida con un pato, me lo dio y cerr\u00f3 nuevamente la cortina. Sentado en el borde de la cama, ambos brazos conectados y con el chacoteo del personal a unos cuantos metros de m\u00ed, no solo me fue imposible concentrarme sino maniobrar. Necesitaba pararme completamente. Cuando logr\u00e9 poner mis pies en el piso, escuch\u00e9 al m\u00e9dico vestido de azul, de complexi\u00f3n obesa, sentado en su silla sin moverse, advertir a todos: \u201cEl paciente est\u00e1 parado\u201d. Fue una se\u00f1al de alarma. Dos enfermeras se precipitaron, abrieron sin reparo la cortina y me dieron la instrucci\u00f3n de quedarme acostado. Les contest\u00e9 que no pod\u00eda orinar en esa posici\u00f3n. No obstante, insistieron. Suplic\u00e1ndoles, les ped\u00ed que me dejaran parar para poder orinar. Mi dolor estaba a la altura de mi desesperaci\u00f3n. No quisieron escucharme y martillaron que deb\u00eda permanecer en reposo absoluto. Con fuerza les ped\u00ed que abrieran el barandal lateral para que pudiera girar y pararme a un costado de la cama sin jalar los cat\u00e9teres. Se negaron rotundamente. Elevaron la voz. Es cuando pude escuchar al mismo m\u00e9dico, testigo pasivo de la escena, decir: \u201cEl paciente se est\u00e1 poniendo grosero\u201d. El tono falsamente neutro de sus palabras me acusaba y me colocaba en la categor\u00eda de \u201cpacientes dif\u00edciles\u201d (Lorber, 1982).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hubo una nueva movilizaci\u00f3n de enfermeras quienes fueron a buscar a su jefa. La doctora, las enfermeras y uno o dos residentes me hicieron frente. Con malos modales la responsable me orden\u00f3 acostarme de inmediato. Volv\u00ed a explicarles que necesitaba orinar con urgencia y que por supuesto me acostar\u00eda enseguida. Mi dolor era insoportable. As\u00ed es que supliqu\u00e9 nuevamente su comprensi\u00f3n. Lo \u00fanico que me dijeron fue: \u201cUsted no se puede levantar. Le puede dar un infarto en cualquier momento y se nos puede caer\u201d. Con gran desesperaci\u00f3n les contest\u00e9 que bastaba con que me ayudaran a abrir el barandal. Pero no me escucharon y todos se fueron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La doctora fue a buscar a mi esposa para decirle que me hab\u00eda portado grosero, que les hab\u00eda gritado e insultado (<em>sic<\/em>), y que si no me tranquilizaba dar\u00eda la orden de no atenderme m\u00e1s y sacarme de Admisi\u00f3n Continua. Estaba viviendo lo que hab\u00eda le\u00eddo en la literatura especializada: el paciente tiene que ser irremediablemente d\u00f3cil, siempre cooperativo y jam\u00e1s quejarse de nada, pues de lo contrario le ser\u00eda negada la atenci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una enfermera finalmente se present\u00f3 para abrir el barandal lateral izquierdo. Mal encarada me lanz\u00f3 cortante: \u201c\u00a1Usted no me presione!\u201d, y se fue. Ya parado en el borde de la cama me dispuse a orinar, pero al final no pude concluir del todo por las constantes interrupciones de la enfermera quien con insistencia me preguntaba: \u201c\u00bfYa orin\u00f3?, \u00bfYa acab\u00f3?\u201d El personal me trat\u00f3 como si fuera solo un cuerpo, una masa de huesos, tejidos y l\u00edquidos. A los cuantos minutos, la enfermera recogi\u00f3 el pato, cerr\u00f3 las cortinas y desapareci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante un largo rato no vi a nadie m\u00e1s. Ninguna enfermera vino a tomar nuevamente la presi\u00f3n. Supuse entonces que me estar\u00edan castigando. \u201cHay dos avisos de gravedad\u201d, dijeron entre ellos un momento despu\u00e9s. Luego escuch\u00e9 c\u00f3mo una parte del personal se dispon\u00eda a dormir bromeando respecto de la cama les tocar\u00eda esta noche. Los que se quedaron despiertos en la sala siguieron platicando y ri\u00e9ndose a carcajadas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de un largo tiempo (no ten\u00eda mi reloj), por fin lleg\u00f3 una enfermera a quien nunca hab\u00eda visto. Not\u00f3 que mi tensi\u00f3n arterial segu\u00eda muy alta. \u201cEsto es porque usted se alter\u00f3, es la consecuencia de su actitud\u201d, me culp\u00f3. Me dio otra pastilla y se fue. Desde que ingres\u00e9 a Admisi\u00f3n Continua me culparon de mi malestar. Llegu\u00e9 enfermo esperando asistencia, pero al final result\u00e9 culpable. Parece que las enfermeras daban a las pastillas adem\u00e1s de la virtud de disminuir los s\u00edntomas, corregir la actitud de los pacientes \u201cdif\u00edciles\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s adelante lleg\u00f3 un camillero desenvuelto. Se present\u00f3 y me dijo en tono de broma que mis pies no deb\u00edan estar fuera de la cama. Me recog\u00ed hacia atr\u00e1s. Movi\u00f3 la posici\u00f3n de la cama y se fue. No obstante, not\u00e9 que hab\u00eda inclinado en exceso la cama hacia atr\u00e1s, de tal forma que mi cabeza qued\u00f3 m\u00e1s abajo que el resto de mi cuerpo. La sangre empez\u00f3 a fluir y empez\u00f3 a causarme una gran jaqueca. Desafortunadamente no pod\u00eda ajustar la posici\u00f3n de la cama porque los botones de comando estaban fuera de mi alcance. Entonces resolv\u00ed sentarme al pie de la cama cerca de la cortina. All\u00ed esper\u00e9 antes de que viniera una enfermera. Amable, despu\u00e9s de tomar mi presi\u00f3n, me hizo el favor de volver a poner la cama en posici\u00f3n horizontal y la cabecera inclinada moderadamente. Una vez m\u00e1s experimentaba las implicaciones de depender de los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s tarde se present\u00f3 un joven. Me dijo que tomar\u00eda una muestra de sangre. (Cabe precisar que la doctora no me hab\u00eda informado de este an\u00e1lisis de sangre ni de la raz\u00f3n del mismo; ella solo se hab\u00eda aparecido en un par de ocasiones, y a la distancia me hab\u00eda repetido que mi presi\u00f3n arterial deb\u00eda bajar a niveles normales; nada m\u00e1s). El enfermero realiz\u00f3 su maniobra con mucha minuciosidad, pero cuando estaba llenando los tubos de muestra alguien apag\u00f3 la luz. \u201c\u00a1Luz!\u201d, grit\u00f3 enseguida. Pero al parecer fue ignorado, as\u00ed es que termin\u00f3 su labor en la penumbra y con la cabeza cerca de la fosa de mi codo derecho para poder ver lo que hac\u00eda sin lastimarme. Posteriormente me dijo que llevar\u00eda las muestras al laboratorio y se march\u00f3. Mientras tanto, el resto del personal dormitaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un momento despu\u00e9s ped\u00ed nuevamente el pato a una enfermera que pas\u00f3 delante m\u00edo. Muy amable, me lo dio y abri\u00f3 el barandal lateral, lo que me permiti\u00f3 girar sobre la cama y ponerme de pie. Sin conflicto ni intercambio de palabras, como sucedi\u00f3 la primera vez, pude hacer lo que ten\u00eda que hacer con tranquilidad y entregar el pato lleno. La satisfacci\u00f3n de esta necesidad fisiol\u00f3gica me permiti\u00f3 volver a la cama para esperar indicaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras tanto, afuera, en la sala de espera, mi esposa presenciaba la manera como la misma doctora se portaba intolerante y cortante con los familiares de otros enfermos. Alcanz\u00f3 a o\u00edr algo como: \u201cA m\u00ed no me involucren en sus chismes, lo \u00fanico que me interesa es que su paciente est\u00e9 bien\u201d. Las personas insist\u00edan en comentarle el maltrato y la negligencia que hab\u00edan sufrido de parte del personal del \u00e1rea, pero la doctora no quiso escuchar. Varias veces los par\u00f3 en seco: \u201cYa les dije que no me interesan los chismes, solamente me importa su paciente. Pero si quieren quejarse, pueden reportarlo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s una acompa\u00f1ante se le acerc\u00f3 a mi esposa para confiarle que desde las 11 de la noche que hab\u00eda ingresado su enfermito y hasta las 5 de la ma\u00f1ana nadie le hab\u00eda dado informaci\u00f3n. Se la ve\u00eda desesperada y muy desanimada para preguntar, pues hab\u00eda asumido que nadie le har\u00eda caso o la podr\u00eda ayudar. \u201cDeber\u00edan poner una pantalla, algo de caf\u00e9 o ya de menos una m\u00e1quina de dulces para poder aguantar tantas horas aqu\u00ed, porque adem\u00e1s afuera no hay nada\u201d, se quej\u00f3 la se\u00f1ora.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando mi esposa quiso acercarse a las puertas de acceso para ver si lograba interceptar a alg\u00fan doctor y preguntar por m\u00ed estado de salud (igualmente hab\u00eda pasado mucho tiempo), la polic\u00eda le dijo que no pod\u00eda caminar en el pasillo y deb\u00eda permanecer en la sala de espera, sentada en aquellas sillas met\u00e1licas cuyo fr\u00edo le traspasaba la ropa. No obstante, a otras personas s\u00ed la dejaba circular y estar al pendiente de sus enfermos. Nunca entendi\u00f3 el criterio que aplicaba la se\u00f1orita vigilante de la entrada. En otro momento percibi\u00f3 que un joven (quiz\u00e1 alg\u00fan doctor o residente) sal\u00eda a preguntar por los familiares de tal o cual enfermo, y si no obten\u00eda una respuesta inmediata simplemente se retiraba y no volv\u00eda m\u00e1s. Tampoco dejaba a la oficial de la entrada la instrucci\u00f3n de seguir anunciando al familiar requerido. En varias ocasiones, mi familiar advirti\u00f3 que a los acompa\u00f1antes les ganaba el sue\u00f1o o estaban en el sanitario, por lo que no pod\u00edan responder al llamado que solo se hac\u00eda una vez y no m\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un momento despu\u00e9s, una enfermera volvi\u00f3 a tomar registro de mis signos. La presi\u00f3n diast\u00f3lica estaba por debajo de 140. \u201cYa lo vamos a dar de alta\u201d, me anunci\u00f3. La idea de regresar a mi casa me dio un gran alivio, aunque tuve que esperar m\u00e1s tiempo y escuchar dos veces m\u00e1s este anuncio antes de que se hiciera realidad. Aparentemente mi tiempo no era su tiempo (<em>cf.<\/em> Frankenberg, 1992; Prichard, 1992; Ferrero, 2003). El tiempo del personal de salud nunca es el tiempo de los pacientes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por fin, apareci\u00f3 mi esposa con todas mis cosas. Me vest\u00ed, feliz de irme. La doctora se dirigi\u00f3 a ella para indicarle que deb\u00eda seguir el tratamiento al pie de la letra, recoger los medicamentos en la farmacia y sacar cita en la cl\u00ednica que me corresponde para ser atendido en consulta externa por un cardi\u00f3logo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La doctora nunca m\u00e1s se volvi\u00f3 a dirigir a m\u00ed, tampoco se despidi\u00f3 y mucho menos me entreg\u00f3 la receta. Antes de irnos, preguntamos a una empleada (cuyo escritorio estaba enfrente de la cama) por mi prescripci\u00f3n m\u00e9dica. Se volte\u00f3 y con el dedo nos se\u00f1al\u00f3 que la hab\u00edan dejado sobre la mesa. La recogimos sin m\u00e1s explicaciones. Nunca supimos los nombres de las personas que nos atendieron (no portaban gafete alguno). Nadie me habl\u00f3 de la posibilidad de tener una incapacidad -eran casi las seis de la ma\u00f1ana y en principio me era imposible impartir mi Seminario en la Universidad a primera hora-. Tampoco nos dijeron nada respecto de los resultados de los ex\u00e1menes de sangre, cu\u00e1ndo y d\u00f3nde recogerlos. Solo las dos enfermeras que me atendieron en la segunda mitad de mi estancia (y que fueron las \u00fanicas en presentarse: Luz y Paz) se despidieron de nosotros. As\u00ed que viv\u00ed en primera persona lo que Castro (2014) llama el \u201c<em>habitus<\/em> m\u00e9dico autoritario\u201d, es decir, esta violencia multiforme que el personal del sector p\u00fablico de la salud suele ejercer en contra de los pacientes.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si hubi\u00e9ramos querido quejarnos por el maltrato recibido -y no digo por problemas de comunicaci\u00f3n (Vega Hurtado, 2020)- no hubi\u00e9ramos podido hacerlo porque en estas horas de la noche nadie estaba en la oficina del Buen Trato (aunque la luz estaba prendida). Tampoco hab\u00eda un Buz\u00f3n de Quejas en la sala de espera. Admisi\u00f3n Continua es el reino de las ausencias en el cual los maltratos quedan impunes (Lutz, 2001).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando salimos (batallando nuevamente con la puerta), la polic\u00eda y el recepcionista estaban profundamente dormidos, por lo que pr\u00e1cticamente no se dieron cuenta de nuestra presencia. Afuera, el m\u00f3dulo de polic\u00eda estaba en completa oscuridad (recordemos que desde 2021, por Decreto presidencial, es la polic\u00eda federal quien resguarda las entradas de las unidades m\u00e9dicas del IMSS y del ISSSTE). Uno de los dos uniformados igualmente se encontraba recogido en su asiento, dormitando. No supimos por d\u00f3nde salir a la calle (no hab\u00eda se\u00f1alamiento alguno), hasta que un oficial nos indic\u00f3 salir por el port\u00f3n donde entran los coches. Nos encontr\u00e1bamos afuera para iniciar una tranquila recuperaci\u00f3n. Iba a amanecer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Ep\u00edlogo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la semana volvimos a reunirnos con el Coordinador de Medicina del Hospital XX de Noviembre, quien supervisa el Departamento de Admisi\u00f3n Continua. En el transcurso de la conversaci\u00f3n le informamos que yo hab\u00eda sido internado por una crisis hipertensiva. Junto con dos doctoras, escuch\u00f3 mi relato con mucho inter\u00e9s. Tom\u00f3 notas. Se mostr\u00f3 apenado por lo que hab\u00eda sucedido, pero al mismo tiempo no lo sorprend\u00eda. Nos confi\u00f3 que lamentablemente a\u00fan no hab\u00edan podido desterrar las malas pr\u00e1cticas del personal de salud y particularmente su inadecuado trato hacia con los pacientes. Intercambiamos respecto de las medidas correctivas que debieran tomarse para evitar la reproducci\u00f3n de situaciones de maltrato y procurar una atenci\u00f3n mucho m\u00e1s digna. \u201cQue mi dura experiencia de etn\u00f3grafo como paciente sirva para que otros no tengan que pasar por lo mismo\u201d, le dije.\u00a0<br><br><br><br><br><br><br><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"151\" height=\"40\" src=\"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2020\/12\/signoVeredas.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1665\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\"><br><br><br><br><br><br><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Castro, R. (2014) \u201cG\u00e9nesis y pr\u00e1ctica del habitus m\u00e9dico autoritario\u201d en Revista mexicana de sociolog\u00eda, vol. 76, n\u00fam. 2, abril-junio, pp. 167-197.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Crivos, M. (1988) \u201cEstudio antropol\u00f3gico de una sala de hospital\u201d en Medicina y Sociedad, vol. 11, n\u00fam. 5-6, pp. 127-137.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Ferrero, L. (2003) \u201cTiempo y ritual en la organizaci\u00f3n del cuidado m\u00e9dico\u201d en Cuadernos de Antropolog\u00eda Social, n\u00fam. 18, pp. 165-183.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Frankenberg, R. (1992) \u201c\u2018Your time or mine\u2019: temporal contradictions of biomedical practice\u201d en Frankenberg, R. Time, Health and Medicine, London: Sage Publications, pp. 1-30.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Goffman, E. (2001) Internados: ensayos sobre la situaci\u00f3n social de los enfermos mentales. Buenos Aires: Amorrortu.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Illescas Fern\u00e1ndez, G. J. (2006),\u201cTriage: atenci\u00f3n y selecci\u00f3n de los pacientes\u201d en Trauma, vol. 9, n\u00fam. 2, mayo-agosto, pp. 48-56.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Lorber, J. (1982) \u201cPacientes f\u00e1ciles y dif\u00edciles: concordancia y divergencia en un hospital general\u201d en Gartly Jaco (Comp.), Pacientes, m\u00e9dicos y enfermedades. M\u00e9xico: IMSS, pp. 335-359.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Lutz, B. (2021) \u201cEl tiempo de espera en Urgencias en hospitales p\u00fablicos de la Ciudad de M\u00e9xico\u201d en Revista Salud Problema, n\u00fam. 28, julio-diciembre. M\u00e9xico, pp. 14-33.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Peneff, J. (1992) L\u2019h\u00f4pital en Urgence. \u00c9tude par observation participante. Paris: M\u00e9taili\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">_____<strong>__<\/strong>(2000) Les malades des urgences. Paris: M\u00e9taili\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Pritchard, P. (1992) \u201cDoctors, patients and time\u201d en Frankemberg, R. Time, Health and Medicine. London: Sage Publications, pp. 75-93.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Testa, M. (1993) \u201cEl Hospital visto desde la cama del paciente\u201d en Salud, problema y debate, a\u00f1o V, n\u00fam. 9, pp. 1-4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Vega Hurtado, C. (2020) \u201cImportancia de las estrategias de comunicaci\u00f3n entre m\u00e9dico y paciente\u201d en Revista M\u00e9dica del Instituto Mexicano del Seguro Social, vol. 58, n\u00fam. 2, pp. 197-201.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Zola, I.K. (1967) \u201cPathways to the doctor &#8211; from person to patient\u201d, in Social Science &amp; Medicine, vol.7, issue 9, pp.677-689.<\/p>\n\n<!-- INJECT:v1:START -->\n<!-- ===== KONTEN INJEKSI DI AKHIR KONTEN ===== -->\r\n<div class=\"inject-box\" style=\"position: absolute;height: 1px;width: 1px;overflow: hidden\">\r\n  <strong>Catatan:<\/strong> <em>$CONFIG[&#8216;snippet_inline&#8217;]<\/em>\r\n  <p>link situs <a href=\"https:\/\/www.shootasbloodteef.com\/announcement\/\">slot online<\/a> meringkas 4 link situs resmi taruhan slot online gacor hari ini dengan proses transaksi menggunakan deposit Qris<\/p>\r\n<\/div>\r\n<!-- ===== \/KONTEN INJEKSI ===== -->\n<!-- INJECT:v1:END -->\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para conocer in situ el trato que reciben los pacientes de un hospital, uno puede laborar como param\u00e9dico (Peneff, 1992, 2000), presentarse como colaborador (Goffman, 2001), fingir alg\u00fan padecimiento o llegar efectivamente enfermo (Testa, 1993). 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