{"id":6527,"date":"2026-10-06T19:09:26","date_gmt":"2026-10-06T19:09:26","guid":{"rendered":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/?p=6527"},"modified":"2026-10-06T19:15:25","modified_gmt":"2026-10-06T19:15:25","slug":"en-la-espera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/2026\/10\/06\/en-la-espera\/","title":{"rendered":"En la espera\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2026\/10\/teah-rushing-_8Hu3NgcPts-unsplash-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6528\" style=\"width:705px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2026\/10\/teah-rushing-_8Hu3NgcPts-unsplash-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2026\/10\/teah-rushing-_8Hu3NgcPts-unsplash-300x200.jpg 300w, https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2026\/10\/teah-rushing-_8Hu3NgcPts-unsplash-768x512.jpg 768w, https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2026\/10\/teah-rushing-_8Hu3NgcPts-unsplash-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2026\/10\/teah-rushing-_8Hu3NgcPts-unsplash.jpg 1920w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><em><strong>Carlos Gabriel Ch\u00e1vez Reyes<\/strong>\/ Soci\u00f3logo por la Universidad Aut\u00f3noma del Estado de Hidalgo. Poeta y cuentista. Maestrante en Ciencias Sociales por la Universidad Veracruzana. Actualmente hace una investigaci\u00f3n sobre la Asistencia Social a NNA migrantes en la frontera M\u00e9xico-Estados Unidos<\/em> <\/p>\n\n\n\n<pre class=\"wp-block-verse has-text-align-right has-small-font-size\">\u2014Qu\u00e9 hay de noticias \u2013pregunt\u00f3 el coronel\u2013. El m\u00e9dico le dio varios peri\u00f3dicos.<br>\u2014No se sabe \u2013dijo\u2013. Es dif\u00edcil leer entre l\u00edneas lo que permite publicar la censura.<br>(\u2026)<br>El administrador le entreg\u00f3 la correspondencia. Meti\u00f3 el resto en el saco y lo volvi\u00f3 a cerrar. <br>El m\u00e9dico se dispuso a leer dos cartas personales. Pero antes de romper los sobres mir\u00f3 al coronel. Luego mir\u00f3 al administrador.<br>\u2014\u00bfNada para el coronel?<br>El coronel sinti\u00f3 el terror. El administrador se ech\u00f3 el saco al hombro, baj\u00f3 el and\u00e9n y respondi\u00f3 sin volver la cabeza:<br>\u2014El coronel no tiene quien le escriba.<br><em>El coronel no tiene quien le escriba, <\/em><br>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez.<\/pre>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap wp-block-paragraph\">En la ma\u00f1ana en que baj\u00e9 del autob\u00fas, apenas con el alba entreabierto, apenas con sue\u00f1o y con hambre, Ciudad Ju\u00e1rez me entraba a los o\u00eddos a trav\u00e9s de unescrupulososilbido de un tren pasando a lo lejos. Eran las seis de la ma\u00f1ana cuando llegu\u00e9 y el calor estaba subiendo paulatinamente, las nubes se despejaban y se divid\u00edan entre s\u00ed, las calles se prolongaban transversalmente y las casas abandonadas comunicaban una conmoci\u00f3n de absoluta incertidumbre. No hab\u00eda mucha gente afuera, como si algo estuviera ahuyentando a las personas o motiv\u00e1ndolas a despertarse m\u00e1s tarde, a guardarse como muebles ante el cautivo estupor del calor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ah\u00ed est\u00e1 el silbato de nuevo. Esta vez m\u00e1s cerca, como si hubiera pasado debajo de mis pies. La tierra pegada en las paredes se ca\u00eda por la misma vibraci\u00f3n del tren atravesando la ciudad, cada vez m\u00e1s cerca. Algunas vigas se descarapelaban hondamente, tal vez por el sol o por los a\u00f1os, pero lo que en verdad me preocupaba, el chirrido de los frenosagudamentemolestos, es que no hab\u00eda m\u00e1s ni\u00f1os, s\u00f3lo yo; no hab\u00eda m\u00e1s gente, s\u00f3lo nosotros y no hab\u00eda m\u00e1s tiempo, s\u00f3lo el que nos tom\u00f3 para llegar hasta ac\u00e1.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No s\u00e9 cu\u00e1nto faltar\u00e1 para llegar a Estados Unidos, primero dios. Llevamos creo un a\u00f1o: del jueves pasado hasta el d\u00eda de hoy. Mi\u00e9rcoles. El sue\u00f1oamericanoalej\u00e1ndose cada vez m\u00e1s: damos un paso y Estados Unidos da dos m\u00e1s hacia atr\u00e1s. A d\u00f3nde hay que ir cuando se desconoce el camino, si cuando se est\u00e1 perdido es dif\u00edcil confiar hasta en tu imaginaci\u00f3n. Todas tus intuiciones se desorbitan, se nubla inmediatamente la clarividencia en el instante en que despierta en uno mismo la sensatez de estar solo, pero lo bueno de estar solo es que ya no hay necesidad de ir a otro lugar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ernestito, como le dec\u00edan sus pap\u00e1s, hab\u00eda llegado a Ciudad Ju\u00e1rez, Chihuahua, con poca precauci\u00f3n y apenas con algo de inocencia, viajando desde Atoyac de Caba\u00f1as, a hora y media de Acapulco, porque los \u201cmalos\u201d hab\u00edan secuestrado a su pap\u00e1 en el r\u00edo de El Ticui donde se dedicaba a las jornadas fabulosas de pescader\u00eda de camar\u00f3n rojo, un lunes por la tarde.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Efigenia, su madre, que con toda la angustia enredada en el vientre y hasta con el ardor irritando las anginas, supo que algo hab\u00eda ocurrido con su esposo. Algo m\u00e1s de lo normal, porque era de costumbre que todos los d\u00edas excepto los s\u00e1bados y domingos, se quedaba entre una y dos horas vaciando caguamas de cerveza rebajadas en agua que vend\u00eda el padrino de comuni\u00f3n de Ernestito.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>No lleg\u00f3 a dormir ese d\u00eda y no hab\u00eda tampoco llegado a desayunar al martes, que hasta por las desordenadas corazonadas de sospecha, Efigenia crey\u00f3 que su esposo se hab\u00eda ido con una amante m\u00e1s joven y desmoralizada que ella misma. Despu\u00e9s de la escuela, Ernestito decidi\u00f3 tomar su bicicleta a escondidas de su madre, como habitualmente lo hac\u00eda, para pedalear hacia el r\u00edo con la intenci\u00f3n de subirse a la lancha de su padre y creerse como \u00e9l, tan alto y robusto, sin ninguna oscilaci\u00f3n innata de preocupaci\u00f3n y absorto de su pueril ignorancia.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Pero el r\u00edo estaba semiseco, las lanchas estaban en la semiorilla fuera de toda funcionalidad y circulaci\u00f3n, atoradas entre las rocas semienormes, como si estuvieran hace meses abandonadas. Y ante la semialarmante semimpresi\u00f3n que dejaba el lugar, no encontr\u00f3 a su padre. Se regres\u00f3 casi de inmediato, con la inquietud atrapada en su garganta; con algo de impaciencia por encontrarlo, hab\u00eda llegado con Efigenia para contarle lo que hab\u00eda visto y preguntarle en d\u00f3nde est\u00e1 pap\u00e1, a qu\u00e9 hora llega pap\u00e1 mam\u00e1 para jugar con \u00e9l, anda dime.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Fue con su compadre, le dijo minti\u00e9ndole mientras se encerraba en el ba\u00f1o, ahogando un grito despavorido en su pecho porque realmente no sab\u00eda en d\u00f3nde estaba. No quiero que vuelvas a salirte solito. Se hizo de noche y nada, no regres\u00f3. Tampoco le dec\u00eda algo la gente de que lo hubieran visto por ah\u00ed o por all\u00e1, con alguien o sin alguien, nada. Hab\u00eda desaparecido cual fantasma.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Efigenia lloraba en su mente, a sollozos y a escondidas de su hijo para no preocuparlo, aunque siempre subestimaba las habilidades de inferencia de Ernestito para formular conclusiones concretas m\u00e1s que especulativas. Esa noche no pudo dormir por el desasosiego, le carcom\u00edan los nervios, sus pulmones sufr\u00edan de amnesia y se desinflaban por ratos.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos recibi\u00f3 el pastor Mingo, en su albergue. \u00c9ramos seis los que ven\u00edamos en bola: don V\u00edctor, Maximiliano, Thiago, Sara y Emily. De cincuenta y ocho, de veinticuatro, de treinta y uno, de quince y catorce, respectivamente. De Guatemala, de Colombia, de Honduras, de El Salvador y de El Salvador tambi\u00e9n. A excepci\u00f3n de Sara y Emily que son hermanas, todos los dem\u00e1s no se conoc\u00edan, pero se fueron encontrando en cuanto avanzaban en la ruta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Don V\u00edctor, quien ven\u00eda solo, dijo que se encontr\u00f3 primero a Thiago en Chiapas, despu\u00e9s a Sara con Emily m\u00e1s adelante en Veracruz, y por \u00faltimo a Maximiliano en Saltillo. Pero Sara y Emily, contaba don V\u00edctor, no ven\u00edan solas, ven\u00edan con sus t\u00edos que ya llevaban semanas sin comer decentemente y a\u00fan as\u00ed las \u00faltimas despensas se las dieron a ellas para que siguieran teniendo m\u00e1s fuerza. Cuando llegaron a Tampico, les cay\u00f3 una tormenta incre\u00edblemente dominante, espesa por la neblina o por el laberinto tropical de la brisa, que en medio de toda la desorientaci\u00f3n y de todo el vac\u00edo espiritual, los t\u00edos de Sara y Emily se hab\u00edan quedado atrapados en la tormenta, que como cuenta don V\u00edctor, seguramente fueron arrastrados hasta los olvidos del Golfo de M\u00e9xico, como si la naturaleza fronteriza hubiera querido regresarlos a la fuerza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue estadosunidosdeam\u00e9rica. Es lo que cre\u00edan Sara y Emily, que los gringos mandaron la tormenta. Nuestros t\u00edos ya sab\u00edan llegar con mi pap\u00e1 en Denver, dec\u00edan. Lloran y se abrazan. A m\u00ed me encontraron hasta pasando Torre\u00f3n. Hab\u00eda llegado all\u00ed con la pura ilusi\u00f3n y la pura injusticia en mi pecho. No ten\u00eda ya a mi padre, tampoco tengo a mi mam\u00e1 conmigo. Recuerdo los domingos despu\u00e9s de misa, yo tambi\u00e9n lloraba como ellas, porque mi pap\u00e1 a veces se sal\u00eda antes y no lo ve\u00eda hasta la noche. Mi mam\u00e1 me cuidaba mucho de la soledad, que hasta dec\u00eda ella misma que era la soledad en persona, que siempre me iba acompa\u00f1ar a donde yo fuera y viniera. Estar\u00eda siempre en mi coraz\u00f3n cada que la abrazara, en mis manos cada que fu\u00e9ramos a la calle, en mis ojos cada amanecer y en mis sue\u00f1os cada noche de ficciones.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No me advirti\u00f3 que estar\u00eda por siempre en mi memoria, en cada paso, en cada nube, en cada palabra. Mi pap\u00e1 seguramente lleg\u00f3 tarde a la casa, no s\u00e9, no pudo cuidar a mi mam\u00e1, no pudo estar con ella ni conmigo, pero espero que despu\u00e9s venga por mi. Disparos a lo lejos. M\u00e1s disparos llorando en el eco de la tarde. Se oyen gritos, carrosfrenandor\u00e1pido. No salgan ni al patio. El pastor Mingo cerraba sus ventanas, cerraba los zaguanes. Abri\u00f3 la puerta de la iglesia, ya se hac\u00eda de noche, llam\u00f3 a su esposa para que le ayudara con unas colchonetas y acomodarlas con algunas cobijas no tan gruesas, s\u00f3lo para que no se sienta el piso fr\u00edo, dec\u00edan. Nos dieron un caf\u00e9 medio caliente y un pan y galletas para pasar el sue\u00f1o.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche aqu\u00ed igual es caliente. Frenosderrapandoenlasesquinas. A Sara y Emily se las llevaron a otra habitaci\u00f3n, en donde dormir\u00edan con mam\u00e1s y beb\u00e9s para que est\u00e9n seguras, dijo la esposa del pastor. Se oyen otros carros brincando los topes. Ventanas estrell\u00e1ndose y prolong\u00e1ndose por el suelo. Sirenas de patrullas o de ambulancias. Ma\u00f1ana vendr\u00e1n a ayudarles. En el patio estaban hablando con el pastor Mingo, creo que por tel\u00e9fono.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que pasa es que te ayudan para solicitar asilo y refugio en Estados Unidos, dicen, dijo don V\u00edctor. Como eres ni\u00f1o, me volte\u00f3 a ver, y como no puedes regresarte a tu casa, regres\u00f3 su mirada, tal vez te dejen llegar hasta all\u00e1. Y ese \u201ctal vez\u201d reson\u00f3 en mi mente, porque como tal no conoc\u00eda a nadie en Estados Unidos, s\u00f3lo a los padrinos de mi mam\u00e1, que la bautizaron a ella y luego a m\u00ed, pero no s\u00e9 nada m\u00e1s de ellos, no s\u00e9 ni c\u00f3mo son. Mi mam\u00e1 quiso que los encontr\u00e1ramos porque nos ayudar\u00edan, ahora tengo que hacerlo porque s\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Al d\u00eda siguiente, Ernestito amaneci\u00f3 con el cuerpo sudado, pudo ba\u00f1arse y comer algo que hab\u00eda preparado la esposa del pastor Mingo en la cocina del albergue. Enseguida llegaron los de una organizaci\u00f3n encargada de <\/em><em>orientar y proteger a personas en situaci\u00f3n de movilidad para ayudar con las solicitudes de refugio. Le preguntaron a Ernestito, \u00bfvienes acompa\u00f1ado o vienes solo? No quiso responder porque estaba sosteniendo el nudo en la garganta, que luego se le hab\u00eda subido a los ojos. Solo vengo. Respondi\u00f3. Hmm \u00bfS\u00f3lo vienes o vienes solo? Vengo.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Los pulmones con amnesia y con la desvirtud para desinflarse ven\u00edan de herencia. Su mam\u00e1 se le atravesaba en su nostalgia, en su tristeza liquida. En las preguntas y en las respuestas. En el caf\u00e9 de la ma\u00f1ana. En el chancaite reposando al fondo de la tasa pod\u00eda ver el camino de tierra en donde cay\u00f3 su mam\u00e1 mientras lo cargaba a \u00e9l para huir.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Estaban atravesando de Michoac\u00e1n a Guanajuato, una ruta migratoria alternativamente riesgosa, para evitar los controles estatales de personas migrantes en la capital. Con una caravana que hab\u00edan encontrado en el camino pudieron juntarse para ir acompa\u00f1ados. Efigenia se hab\u00eda quedado sin dinero, sin propiedades y hasta sin familia. No pudo regresar a su casa por ropa ni por comida ni dinero. Estaba siendo vigilada toda su calle para que no se escapara, porque al d\u00eda siguiente de cuando Ernestito no encontr\u00f3 a su padre en el r\u00edo, vinieron a tocarle con patadas la puerta. Alarmada, pens\u00f3 en abrir con una singular adivinanza: es o no es.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Pero fueron dos se\u00f1ores, descubiertos de la cara, con sombreros de paja, pantalones de mezclilla y botas militares: parec\u00edan, pero no lo eran. Con el p\u00e1nico mordi\u00e9ndole la lengua a Efigenia, uno de los malos, porque as\u00ed se vest\u00edan los malos por all\u00e1, le tap\u00f3 la boca con la mano para que no gritara, la sac\u00f3 de su casa mientras le agarraba un brazo y le dijo que ahora s\u00ed su esposo puede vender a gusto.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La avent\u00f3 al suelo y se fueron en la cajuela de una Chevrolet. Sin m\u00e1s palabras, sin m\u00e1s explicaciones, Efigenia se fue hacia la banqueta donde hab\u00eda una red grande, que era la que usaba su esposo para pescar. Era \u00e9l. Lleno de sangre, de c\u00e1scaras de camar\u00f3n y de pescado. Ol\u00eda a putrefacci\u00f3n, no sab\u00eda si por los mariscos o si as\u00ed tambi\u00e9n ol\u00eda la desgracia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Supo entonces que su esposo no solamente pescaba camarones, sino que les robaba a otros y adem\u00e1s los vend\u00eda como si fueran producto de su trabajo. Tal vez dios s\u00f3lo sepa si en verdad se emborrachaba por las tardes o se dedicaba a robarle la mercanc\u00eda a los malos. Hubiera preferido que fueras nada m\u00e1s un pobre ebrio, pero hasta para eso hac\u00edas mal las cosas, se dijo.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Dolida y sobre todo frustrada, tuvo la convicci\u00f3n de salir por ayuda, primero a la delegaci\u00f3n para dar con los asesinos, pero no le dieron soluci\u00f3n. Despu\u00e9s con sus amigos para pedir posada en lo que ve\u00eda c\u00f3mo lo arreglaba. Fueron a buscarla los malos hasta por debajo del r\u00edo, dejaron un cartel en la casa de que, luego de todo el desvar\u00edo, la deuda segu\u00eda sin liquidarse y que<\/em><em> se iban a cobrar con ella y con Ernestito. Le incendiaron la casa a la ma\u00f1ana siguiente y los corrieron de donde estaban, porque no fuera que les quemaran la casa con todos ellos adentro.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00f3lo recuerdo haberme puesto mis tenis y llevar un sombrero. Vagamos hasta encontrarnos con unos cubanos, dec\u00eda mi mam\u00e1. Atravesamos por Durango y llegando al cruce con Torre\u00f3n, nos intervinieron dos camionetas grandes, frenando en seco sobre la tierra \u00e1rida, llev\u00e1ndose a todos los que pudieran agarrar. Primero se fueron por los ni\u00f1os m\u00e1s chicos, por eso mi mam\u00e1 me carg\u00f3 y sali\u00f3 corriendo para llegar a unos \u00e1rboles que se ve\u00edan por ah\u00ed cercanamente lejos, para ver si pod\u00edamos escondernos. Creo que pudo correr mejor si no me hubiera cargado a mi. Creo que hasta yo, en medio de todo el pavor, hubiera tenido la fuerza para cargar a mi mam\u00e1.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al final se cay\u00f3 y dos hombres se la llevaron a la camioneta, no s\u00e9 qu\u00e9 habr\u00e1n hecho con ella. S\u00f3lo corr\u00ed cual cobarde y cual solitario agravio. Mis piernas se hab\u00edan doblegado hasta llegar a un pueblo medio habitado, en donde encontr\u00e9 a don V\u00edctor y conoc\u00ed a los dem\u00e1s. Qued\u00e9 desmayado por el cansancio, por el miedo y por la soledad. No sab\u00eda que se pod\u00edan sentir tantas cosas llegando a la frontera, bueno, en el norte. All\u00e1 vivimos despreocupados, aunque no tendr\u00edamos motivos para estarlo aqu\u00ed (no s\u00e9). Lo \u00fanico que pueden hacerme es intentar llevarme con mis padrinos, son los \u00fanicos que pueden recibirme. Tendr\u00e1s que esperar a que te den una cita, me dijeron. Ahorita haremos tu solicitud de refugiado y de asilo en Estados Unidos. En cu\u00e1nto tiempo va a estar. Es probable que ma\u00f1ana no est\u00e9, pero vendremos todos los d\u00edas, si no es molestia para el pastor Mingo. Ninguna.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otra vez el chirrido de los rieles. Los frenos chillones. Otro paso m\u00e1s hacia atr\u00e1s de Estados Unidos y luego dos m\u00e1s. Otro chancaite. Sara y Emily llorando, abraz\u00e1ndose entre ellas. Nuevamente las cobijas y las colchonetas. Entre sue\u00f1os, los topes saltando debajo de los carros, las calles estrell\u00e1ndose como ventanas, la incertidumbre huele a camarones, la noche grita como sirenas de patrulla. Otra vez los zaguanes y las ventanas cerradas. Al d\u00eda siguiente lo mismo y lo mismo por la noche. Otras entrevistas, otras organizaciones de ayuda. El mismo pastor, la misma Sara y Emily. Thiago y Maximiliano se fueron a otro albergue de puros hombres, pero no me llevaron porque era un ni\u00f1o. Don V\u00edctor era muy grande y se quedaba a ayudar en las misas y a hacer de comer.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nunca llov\u00eda en este lado del mundo, siempre empapado de sudor, de desprecio. Las horas se alargaban, el ocaso permanec\u00eda, en mi mente una lancha a\u00fan vac\u00eda, la tierra en las manos y en las rodillas de mi mam\u00e1. Mi pap\u00e1 a\u00fan sin regresar por mi. A\u00fan estoy solo, a\u00fan hay frontera y el d\u00eda en que deje de haberla, se habr\u00e1 de inundar el desierto. La soledad, a diferencia del tiempo, no tiene fronteras, tiene esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ernestito pas\u00f3 repitiendo las mismas cosas, de dos a cinco meses, como le dec\u00edan, en lo que esperaba su cita. Casi como un bucle de tiempo, como un devenir sin llegada, una espiral sin ca\u00edda, un desierto interminable. Conviv\u00eda con las mismas personas todos los d\u00edas, com\u00eda lo mismo, ten\u00eda la misma ropa, le daban una nueva, ten\u00eda despu\u00e9s otra misma ropa, com\u00eda lo mismo, as\u00ed sucesivamente. Tenia los recuerdos de sus padres, pero jam\u00e1s su pap\u00e1 fue por \u00e9l, porque algo dentro s\u00ed le dec\u00eda internamente que adivinar\u00eda su ubicaci\u00f3n casi como Efigenia lo supo de su esposo, pero a Ernestito nunca le dieron la oportunidad de explicarle qu\u00e9 hab\u00eda pasado, s\u00f3lo que ya no viv\u00edan en Atoyac de Caba\u00f1as, Guerrero era un estado extinto del pa\u00eds ya para \u00e9l.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Pasaron de dos a cinco meses y nunca le lleg\u00f3 su cita, nunca terminaron su solicitud, nunca sali\u00f3 del albergue, nunca nada. Era imposible creer que la organizaci\u00f3n del azar y del destino se entroncan en la vida de los que menos se preocupan por las cosas, y son a quienes m\u00e1s les ocurren. Finalmente pasaron otros cuatros meses m\u00e1s para que le dieran alguna novedad a Ernestito, ya hab\u00eda crecido un poco, hab\u00eda crecido su nostalgia y su temor, el tren fantasma de siempre al que le ten\u00eda miedo y que jam\u00e1s se aprendi\u00f3 el horario de los chirridos; sin embargo, por fin algo era nuevo en su asilo: la noticia de que Estados Unidos cerr\u00f3 la frontera para siempre. Fue entonces que Ernestito, con un parsimonioso apret\u00f3n en los pulmones, casi provoc\u00e1ndose un infarto emocional, se pregunt\u00f3: cuando chingaos hab\u00eda estado abierta.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Xalapa, Ver. Septiembre, 2024.<br><br><br><br><br><br><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"151\" height=\"40\" src=\"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/archivos\/2020\/12\/signoVeredas.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1665\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><br><br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carlos Gabriel Ch\u00e1vez Reyes\/ Soci\u00f3logo por la Universidad Aut\u00f3noma del Estado de Hidalgo. Poeta y cuentista. Maestrante en Ciencias Sociales por la Universidad Veracruzana. Actualmente hace una investigaci\u00f3n sobre la Asistencia Social a NNA migrantes en la frontera M\u00e9xico-Estados Unidos \u2014Qu\u00e9 hay de noticias \u2013pregunt\u00f3 el coronel\u2013. El m\u00e9dico le dio varios peri\u00f3dicos.\u2014No se sabe [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":6528,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[596,641],"tags":[691,690,154,689],"class_list":["post-6527","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuento","category-numero-48","tag-cuento","tag-infancias","tag-migracion","tag-migrantes"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6527","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6527"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6527\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6535,"href":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6527\/revisions\/6535"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6528"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6527"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6527"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/veredas.xoc.uam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6527"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}