pensar la relación naturaleza-mundo social implica abordar una cuestión compleja para el conjunto de las disciplinas científicas contemporáneas. Sin duda, es un desafío intentar conjugar en una misma temática dos objetos con sus respectivas líneas de estudio que particularmente se han mantenido separadas: la naturaleza, objeto de estudio de las ciencias físicas y naturales, y el mundo social, objeto de análisis de las ciencias sociales y humanidades. El número 42 de Veredas. Revista del Pensamiento Sociológico, correspondiente al primer semestre del 2021, tiene como título Naturaleza y Mundo Social, una relación conflictiva. Desde el título mismo hemos querido resaltar el momento crítico que vivimos como humanidad en materia ambiental y social, pero sobre todo, indicar que tanto su esencia como su abordaje están definidos por la conflictividad a pesar -y quizás por ello mismo- de tratarse de una realidad que no está disociada, ni separada, sino todo lo contrario. 

De tiempo atrás, estamos viviendo y padeciendo una emergencia climática y socio-sanitaria que, crisis como la pandemia generada por el virus SARS CoV-2 ha venido a hacer más evidente. Desde hace ya varias décadas, diversos actores han denunciado las devastaciones ambientales como la deforestación, contaminación, pérdida de la biodiversidad, extinción de especies, agotamiento de los bienes naturales y, en consecuencia, la actual preocupación dominante sobre el cambio climático y sus distintas manifestaciones como el aumento de las temperaturas promedio, la variación de los climas, la modificación de la duración de las estaciones, la intensificación de las lluvias, el incremento de los períodos de sequía, el paulatino incremento del nivel del mar, el derretimiento de glaciales, la desertificación de zonas agrícolas, entre otros.

Ante los riesgos de destrucción de las bases de la vida en nuestro planeta, urgen procesos de reflexión y construcción de conocimientos que atiendan los desafíos y la imprescindible transición socio-ecológica en donde prevalezca el derecho a la vida, que pasa por el respeto por la naturaleza, nuestra conciencia plena de formar parte de ella, así como la creación de otros procesos de producción y consumo que no atenten contra los ecosistemas, ni sometan a ninguna persona en nombre del sistema económico. 

Este número monográfico de Veredas se concibió como un espacio de encuentro y diálogo interdisciplinar sobre la compleja relación entre la naturaleza y el mundo social. Esta mirada integral ofrece naturalmente una mejor estrategia para contar con soluciones a los problemas concretos que enfrentamos, pero sobre todo, es un esfuerzo por concebir de manera integral la problemática ambiental y social, así como de entender la actividad productiva como su elemento vertebrador. La perspectiva interdisciplinaria sobre los problemas socio-ambientales tiene un nuevo significado epistemológico, uno que se apoya en la idea de que es imposible tanto una comprensión social sin una mirada acuciosa y científica del entorno, como una comprensión científica de la naturaleza sin una interpretación adecuada del comportamiento político, económico y social de los seres humanos. La reflexión epistemológica que este número propone se basa en un paradigma del conocimiento que busca la superación del dualismo entre el sujeto y el objeto, entre el mundo social y la naturaleza impuesto por la modernidad. Se trata de superar la idea de que es posible comprender la naturaleza en sí misma sin ninguna interferencia social, económica o política de los seres humanos y, del mismo modo, de eliminar la falsa idea de la reflexión social y humana separada de la realidad biofísica y centrada en el antropocentrismo. 

Un cambio paradigmático es lo que los trabajos de este número de Veredas llevan en su seno y es lo que exige la nueva investigación socio-ambiental. Este enfoque parte de la imprescindible crítica al antropocentrismo y, por tanto, al diseño e implementación de políticas de gestión ambiental sustentadas en dicha concepción. Con esta mirada, el número inicia con la propuesta de Yolanda Massieu e Irene Talavera de un giro al biocentrismo a fin de transitar hacia una sociedad más equitativa y sustentable. La coyuntura abierta por la propagación del virus SARS CoV-2, continúa siendo el contexto en el que se dan las reflexiones y trabajos de investigación. La pandemia y el confinamiento conllevan la paradoja de una cotidianidad marcada por el encierro y separación de las personas de la vida social,
al tiempo que una mayor exposición al mundo globalizado a través de los medios digitales, provocando distintas disputas sobre la “naturaleza” y origen del virus; así, Juan Carlos Domínguez Domingo analiza desde la diversidad cultural el fenómeno de la generación y circulación de desinformación en los medios digitales.

En los siguientes trabajos se muestran los conflictos que se generan en la relación naturaleza-mundo social, tanto en el campo como en las ciudades; primero en un texto de Nicole Mikly Bernal y Santiago Mora Posada que proponen usar el concepto de sobreexplotación de la naturaleza que, junto con el de sobreexplotación del trabajo, permiten explicar lo que está ocurriendo en la actualidad, especialmente en las economías extractivas de América Latina. Le sigue el texto de César Mirafuentes de la Rosa y Mariana Nataly Salazar Suárez que, después de analizar las nefastas consecuencias mundiales para el ambiente y la salud humana que trajo la Revolución Verde, aborda la seguridad alimentaria que apela a la satisfacción de alimentos en cantidad y calidad, y a la soberanía alimentaria que parte del principio de la producción ecológicamente responsable y en concordancia con las comunidades productoras. 

La relación entre la naturaleza y el mundo social es parte fundamental de la llamada ecología urbana y así se muestra en el trabajo de Ricardo A. Pino Hidalgo y Martha A. Olivares Díaz, quienes tratan de manera particular la situación actual de uno de los humedales más importantes de América Latina: El Sistema Lacustre Ejidos de Xochimilco y San Gregorio Atlapulco, una zona históricamente presionada por el crecimiento urbano, en donde se han impuesto proyectos de urbanización que privilegian la automotorización y van en contra del territorio originario, la convivencia de sus habitantes y la posibilidad de construir una ciudad más sostenible.

Esta sección culmina con el artículo de Jaime Matus Parada, examinando la importancia de la interacción y participación de las comunidades, tanto para concientizar a sus miembros sobre la significación directa que los ecosistemas tienen sobre sus vidas, como la que ellos tienen sobre la biodiversidad. Las comunidades y los individuos mantienen una relación específica frente a los cambios en el entorno natural, creando y sosteniendo distintas percepciones y respuestas que crean la esperanza de la construcción de una resiliencia comunitaria que permite no sólo adaptarse a los cambios, sino que bien puede beneficiar tanto a la salud de los cultivos como a la integridad de los ecosistemas, aplicado al caso de una comunidad de productores agrícolas en Tlayacapan, Morelos. 

La reflexión en extenso en artículos se complementa con una serie de ensayos que comienza con la reflexión de Alberto Padilla Arias e Hilario Anguiano Luna, sobre la educación ambiental como un espacio de resistencia cultural de los pueblos y comunidades en contra del dominio civilizatorio cuyas consecuencias han sido de destrucción, saqueo y exterminio a un alto costo social. Su propuesta es que los pueblos sobreviven y prosperan gracias a que cuentan con culturas propias, distintas a la hegemónica occidental, además de poseer mecanismos altamente eficientes de reproducción de sus tradiciones culturales y preservación de los bienes naturales que les pertenecen. En el siguiente ensayo de Micah Riegner, Amy Elizabeth Mac Andrews y Jorge Ernesto Montejo Díaz, las especies animales son las protagonistas del conflicto ambiental. Su estudio se centra en tres especies de aves cuasiendémicas, víctimas de la actividad y sobreuso humano, y de ahí la importancia de los esfuerzos para la conservación y bienestar de los ecosistemas que habitan dichas especies. Se cierra la sección de ensayos con la participación de Luis Martínez Andrade, a propósito de Michael Löwy y la sociología de la religión. 

El número ha sido ilustrado con la obra de Terumi Moriyama, artista plástica mexicana de ascendencia japonesa. Para entender su obra y a la artista, Isis Saavedra Luna conversa con ella, se trata de una conversación amena e inteligente, de un paseo por la vida de la artista a través de la remembranza de vivencias y sensaciones; cada anécdota es una invitación a caminar junto a ellas y a vivir sus experiencias a través de las imágenes que nos ha compartido en estas páginas. 

El número 42 de Veredas concluye con la reseña de cuatro libros imperdibles: Tejido rural urbano, Actores sociales emergentes y nuevas formas de resistencia; A propósito de Laboratorios en la Selva; Gramsci en México y, el último, Resistir la pesadilla. La izquierda en México entre dos siglos 1958-2018. Al final se incluye la relatoría Cambio Climático: desafíos y perspectivas. Novena reunión-diálogo del Centro Tepoztlán, Víctor L. Urquidi

De esta manera, en esta entrega de Veredas hemos querido mostrar distintas facetas de la relación conflictiva entre la naturaleza y el mundo social, pensando el antagonismo en dos sentidos; primero, como la no concordancia entre el deber ser y el ser; es decir, de la distancia entre lo que se considera como la situación ideal frente a la situación real. Y, en segundo término, los trabajos han hecho continua referencia a la polémica derivada de la no concordancia entre los objetivos y resultados de la acción humana, específicamente en las sociedades capitalistas o, más precisamente, de la realización del objetivo de obtención creciente de ganancias con la sustentabilidad construida y concebida desde una dimensión humana, ubicando la tensa relación entre ambiente, economía, cultura y poder.

Miriam Calvillo Velasco
Comité Editorial de Veredas

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