Jorge Alonso/ Doctor en Antropología. Profesor investigador emérito en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), sede Occidente. Es investigador nacional emérito del Sistema Nacional de Investigadores.

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Una de las características de las diversas izquierdas mexicanas es que han publicado un enorme volumen de reflexiones sobre sí mismas. Muchos de sus militantes se han dedicado a difundir sus puntos de vista sobre sus propias experiencias y sobre otros cercanos de quienes toman distancia. También han habido acercamientos desde posiciones académicas. Siendo un material tan abundante, quisiera referirme a algunos libros que me parecen dignos de ser tomados en cuenta. Arnoldo Martínez Verdugo en 1985, publicó en la editorial Grijalbo la Historia del comunismo en México. El investigador Barry Carr por medio de la editorial Era, en 1996 difundió La izquierda mexicana a través del siglo XX. José Woldenberg, en 1998, por medio de la Editorial Cal y Arena publicó Memoria de la izquierda. Massimo Modonesi en 2003 profundizó en La crisis histórica de la izquierda socialista mexicana; este libro salió en la editorial Juan Pablos. Las académicas Verónica Oikión y Marta Eugenia Ugarte, encabezaron una importante publicación colectiva sobre Movimientos armados en México, Siglo XX y este libro fue coeditado por el Colegio de Michoacán y el CIESAS. Con énfasis en la psicología social, Marco Antonio Gutiérrez por medio de la editorial Itaca, en 2009 abordó las Convergencias y divergencias de la izquierda política mexicana. Silvia Cherem en 2010 difundió Por la izquierda. Medio siglo de historias en el periodismo mexicano contadas por Granados Chapa; esta publicación salió en la editorial Khálida. En 2014 se compilaron varias entrevistas por parte de Sol Arguedas, que en la editorial Orfila nos entregó los puntos de vista de una diversidad de dirigentes políticos de izquierda de los años sesenta con el título ¿Qué es la izquierda mexicana? En 2014, en la editorial de la UNAM, Arturo Martínez Nateras publicó el primer libro centrado en la cronología de La izquierda mexicana del siglo XX. Dos años después ahí mismo publicó el segundo volumen que destacó los movimientos de esa izquierda. En 2018 el historiador Carlos Illades dio cuenta de un siglo y medio de la izquierda en México con el título El futuro es nuestro. Este libro lo sacó la editorial Océano. En 2019 Boaventura de Sousa Santos, apoyado por la editorial Siglo XXI, escribió un libro analítico y militante que tituló ¡Izquierdas del mundo, uníos! Este escrito se centraba en recientes coyunturas en varios países entre los que incluyó a México, destacando la fractura entre la institucionalidad y la extrainstitucional. Enfatizando la articulación o unidad entre fuerzas de izquierda, planteó que la primera cuestión era saber si existían varias fuerzas de izquierda en México. Dijo que el hecho de que esta cuestión fuera altamente controvertida formaba parte del drama democrático de México. 

Consideró que la izquierda institucional eran los partidos y que el único partido con presencia nacional que se podía considerar de izquierda era el partido Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), liderado por Andrés Manuel López Obrador. Precisó que las fuerzas de izquierda habían tenido una fuerte tendencia a polarizar sus divergencias, que muchas veces expresaban más choques de personalidades que choques programáticos. También señaló que desde 1994, la izquierda institucional mexicana vivía aterrada por el espectro del surgimiento de una izquierda insumisa e insurreccional, una izquierda situada fuera del sistema de las instituciones democráticas precisamente por el hecho de no considerarlas democráticas. Analizó que en el triunfo de López Obrador se había dado una alianza tácita, silenciosa, de varios movimientos de izquierda que no necesariamente era partidaria o institucional, pero que simpatiza con AMLO. Llamó la atención de que en el ciclo reaccionario global actual había que defender que las fuerzas de izquierda debían articularse da manera pragmática para resistir con los mínimos daños posibles este periodo de luchas defensivas. Apuntaba que la contundente victoria de AMLO era más frágil para las aspiraciones de las clases despojadas, silenciadas y desposeídas, de lo que se podrían imaginar. Aceptaba que la victoria de AMLO no resultaba de una articulación solamente entre fuerzas de izquierdas, sino que integraba también algunas fuerzas de derecha (evangélicas, por ejemplo). Preveía que en relación a las izquierdas extrainstitucionales, AMLO proseguiría la política de dividir para reinar. Destacaba que esas fuerzas estaban más cerca de los de abajo y su articulación sería importante para proseguir sus agendas. Percibía que si la articulación entre fuerzas de izquierda institucionales era difícil, no lo era menos la articulación entre éstas y las izquierdas extrainstitucionales o incluso entre las diferentes izquierdas extrainstitucionales. Insistía en que la victoria de AMLO era la victoria de México de la indignación. Se preguntaba qué tipo de liderazgo podía reivindicar el EZLN en el nuevo ciclo político. Aventuraba el planteamiento de que si el EZLN se convencía de que un nuevo ciclo político se había iniciado con la victoria AMLO (y, en parte, a pesar de él) y extraía las conclusiones necesarias, seguiría siendo una parte importante de la lucha futura por una política progresista y una sociedad liberada. De lo contrario, temía que el EZLN quedara confinado en su pasado, un pasado sin duda brillante, pero al que calificaba de un pasado sin futuro.

El libro de Arturo Anguiano precisamente, va a contrapelo de estos últimos puntos de vista. Señala una prolongada guerra del capital mundializado que últimamente adoptó el ropaje neoliberal y las revueltas de los oprimidos. Examina el ciclo de los llamados gobiernos progresistas latinoamericanos para constatar la existencia de muchas izquierdas y que algunas de ellas se fueron desnaturalizando. Plantea que esos gobiernos no podrían definirse como progresistas y tampoco como izquierdas propiamente dichas, pues la izquierda reformista devino un proceso social-liberal que fue disuelto por el neoliberalismo. Ocupó las instituciones, pero no las cambió, sino que terminaron cambiadas por ellas. Se trata más bien de esas izquierdas estatales, de arriba.1 También hubo organizaciones sociales que se burocratizaron y se subordinaron a los gobiernos. En el caso mexicano el PRD acabó en un suicidio político. Apunta a los resquebrajamientos, derrumbes y demoliciones de esas izquierdas estatales. El libro destaca el devenir de las diversas vertientes de la izquierda mexicana en los últimos 70 años. Discute que una auténtica izquierda debería subvertir las instituciones y ser anticapitalista. Considera que esa es la izquierda de abajo, con autonomías. Explica cómo se fue armando el libro a lo largo de muchos años. Retoma algunos textos producidos en diferentes momentos. Pero el texto aglutina redefiniciones y búsquedas. Se propone suscitar reflexión y contribuir al debate. Apunta que las expresiones mexicanas pueden impulsar teorizaciones más generales. Enfatiza la necesidad de resistir la pesadilla autoritaria que envuelve y amenaza. Privilegia la factibilidad de alternativas efectivas al capitalismo. Explora los espacios de resistencia y de aprendizaje. Confiesa que el libro es el resultado del interés por trayectorias y problemáticas que se esfuerza por hacerlas comprensibles. Se propone contribuir, repensar y participar en rehacer la izquierda. 

1 En este sentido concuerda con la visión de la investigadora argentina Maristella Svampa, quien ha acusado a los llamados progresismos de haber pactado con el gran capital (Mariano González y Azul Picón, “Entrevista a Maristella Svampa: los progresismos pactaron con el gran capital”, Rebelión, 16 de septiembre de 2019. Disponible en: http://rebelion.org/noticia.php?id=260489).

Anguiano abre con una sección que da cuenta de un contexto complejo que inicia con la crisis estatal, pero que en el ocaso del régimen autoritario no encuentra una solución de recambio. Resalta cómo la descomposición y degradación político-social han ido avanzando para convertirse en una pesadilla para instituciones y actores. Esa pesadilla está dinamizada por la devastación capitalista. En una segunda sección se propicia una revisión de la larga y contradictoria travesía de la izquierda. La tercera sección arranca con la llamada alternancia política que precipita la crisis terminal de la izquierda estatal. En contraposición, la última parte escudriña la vertiente de la izquierda que resiste la pesadilla y que impulsa alternativas. 

Anguiano explora cómo la política en México es una pesadilla que arrastra, disgrega y desarticula. Se describe y analiza el dominio clientelar y corporativo. La lucha por derechos se ha dado a contracorriente. No obstante, el poder oligárquico ha excluido a la mayor parte de la población. Cuando se presentó la alternancia política, prosiguió la rigidez y la criminalización de las resistencias. La guerra sucia contra los irreductibles ha sido una constante, y se ha extendido la intolerancia. Hay una sociedad actuante que ha ido abriendo espacios democráticos limitados. Se profundiza en cómo en 1988 se dio una insurrección ciudadana. Hay un análisis detenido de cómo en esa coyuntura surge la opción partidaria de izquierda que tomó cuerpo en el PRD. Se da un seguimiento de cómo predominando la maquinaria electoral de grupismos y clientelismos, se fue cayendo en el trasiego de candidaturas. El autor hace ver cómo ese partido ocupó el espacio de la izquierda, sin serlo, y creció el clima de retroceso político e ideológico. En los noventa el EZLN abrió nuevos espacios a la izquierda, la de abajo, otra izquierda social y política con una propuesta práctica de la construcción de otra política. 

El libro de Anguiano no está construido en una estricta lógica temporal, por lo que hay miradas que se vuelven a echar sobre diversas etapas. Se van perfilando varias periodizaciones. Entre 1960 y 1976, al calor de luchas sindicales y sociales, se fue fraguando un resurgimiento de la izquierda. Se explica la presencia de la lucha armada y la respuesta estatal de la guerra sucia. Hay periodos más condensados. Entre 1980 y 1983, la izquierda consigue reagruparse en dos grandes vertientes, se fortalece el movimiento sindical y se generan varias coordinadoras nacionales de masas. Se exploran las opciones electorales del PSUM y del PRT. Se fragua el Comité Nacional en Defensa de la Economía Popular. Se organiza un Frente Nacional del salario, contra la austeridad y la carestía. Se abre la perspectiva de una Asamblea Nacional Obrera, Campesina y Popular, que va acuerpando toda la izquierda política y social con diversas organizaciones políticas, coordinadoras de masas, sindicatos autónomos y corrientes democráticas. Una primera lucha conjunta se da en el Primer Paro Cívico Nacional en octubre de 1983, pero el Estado se dedica a debilitar el polo popular atacando a sindicatos combativos. Las coordinadoras de masas se van diluyendo, pero se va gestando también el EZLN.

Otro intenso período analizado es el que se expresa entre 1984 y 1987, caracterizado por una nueva polarización y aislamiento social de la izquierda con enfrentamientos entre las distintas corrientes y organizaciones de la izquierda. Se multiplican las luchas internas y las rupturas. Viene el fracaso del Segundo Paro Cívico en 1984 y la disolución de la Asamblea Nacional Obrero Campesina y Popular. No obstante, a raíz de los devastadores sismos de 1985 brotan movilizaciones sociales autónomas. La izquierda se aleja de la práctica de luchas sociales. Las agrupaciones extraparlamentarias se disgregan en sectarismos. Una etapa que es examinada con atención es la del surgimiento del neocardenismo. Se enfatiza que hay una disolución de la izquierda que tenía como referente el marxismo y el socialismo. Viene el despliegue del movimiento pluriclasista en la lucha por la democracia, y cobra auge el movimiento electoral. Una etapa más es el dinamismo a partir de la irrupción del EZLN en 1994 y se genera un redescubrimiento de la izquierda.  

Planteadas esas grandes etapas, se echa la mirada de nueva cuenta hacia atrás. Llama la atención que en 1947, con la guerra fría, hay un incremento represivo. En 1948 se dio un golpe a la democracia sindical con la imposición de dirigentes. Pese a que hubo resistencias y se consiguió una democratización a finales de los cincuenta, el Estado reprime violentamente la lucha independiente. En esa época se utiliza contra los luchadores sociales el delito de disolución social. El libro recuerda las luchas internas dentro del seno del PCM y apunta a la posición de los grupos espartaquistas. La izquierda recibe la influencia de la revolución cubana. La resistencia fue creciendo. Anguiano profundiza en la movilización de 1968 y cómo fue la participación de la sociedad en la política. Hay un detallado análisis del movimiento del 68 y delinea sus secuelas. Se enfatiza que la derrota militar del movimiento por medio de la masacre del 2 de octubre impulsó desilusión, desconcierto y marasmo. No obstante, también se dio una recomposición y redefinición del movimiento estudiantil y de la izquierda. Mirada especial se plantea en el movimiento armado en las ciudades, donde se recrudeció la represión. También surgieron nuevas organizaciones y movimientos. La izquierda se fue renovando bajo el influjo de los movimientos profundos de la sociedad. Un logro de todo esto fue que la izquierda echó raíces sociales y se examinan dos vertientes: la de un neolombardismo que buscaba aliarse con el régimen y la del marxismo revolucionario. La reforma política de los años setenta abrió la posibilidad de conseguir registros partidistas. En las diversas vertientes de izquierda se da un predominio de lo electoral y una pugna por conseguir curules. Hubo incapacidad para reproducir de manera ampliada vínculos con trabajadores y oprimidos. A mediados de los ochenta la fragilidad partidaria se generalizó; se cayó en pragmatismos y se perdió el papel político de clase. La izquierda vivió la incertidumbre y el desconcierto. También se perdió la perspectiva autónoma. Prevaleció la lógica electoral y hubo ausencia de participación efectiva de los sectores sociales en la toma de decisiones. La izquierda extravió el futuro, la perspectiva política y el proyecto estratégico. A partir del 88 el socialismo dejó de existir como opción política organizada. La mayoría de las organizaciones y fracciones de la izquierda terminaron apoyando la candidatura presidencial del hijo del General Cárdenas. El PMS cedió su registro al PRD, que se formó con un conjunto de grupos en donde cada uno buscaba su propio fortalecimiento. Con el predominio de la lógica electoral se fue perdiendo influjo en el movimiento de masas; se enredó en el activismo electoral. Aunque en 1993 no dejaban de desarrollarse agrupaciones y acciones de diversa índole, la izquierda electoral descuidó los intereses de los trabajadores y de los excluidos. 

El año de 1994 inició con la rebelión indígena encabezada por el EZLN. Los huracanados vientos del sur desconcertaron a los poderosos. Todo cambió en el país. La insurrección zapatista agudizó la crisis del PRD y del resto de organismos sobrevivientes de la izquierda que trataron de aprovechar el impulso del EZLN para sus propios fines. Contra la corriente y la inercia prevaleciente, los zapatistas reanudaron en la práctica, con la tradición de la izquierda socialista entendida en su sentido más amplio anticapitalista y antiopresivo. Reasumió los programas igualitarios, autogestivos y libertarios. Reintrodujo su discusión en las organizaciones sociales, el movimiento ciudadano y los partidos. Replantearon la revolución como algo de autoridad. Dieron un decisivo impulso a las exigencias de democratización de la vida nacional. Fecundaron estas concepciones con la experiencia de las tradiciones de lucha, organización y prácticas comunitarias de los indígenas de Chiapas. Volvió a plantear un camino hacia la izquierda. La oposición democrática comenzó a vivir bajo el signo del EZLN. Los zapatistas convocaron a la realización de la Convención Nacional Democrática. En 1995 rompieron la traición estatal y el cerco. Propusieron que se realizara una consulta nacional, la cual creó nuevas expectativas. El libro va dando seguimiento al largo proceso del zapatismo. 

El texto realiza un profundo análisis de la alternancia presidencial del año 2000. Se produjo el fin del ciclo del neocardenismo. Hay un pormenorizado análisis de lo que se ha categorizado como la muerte del PRD. Se da cuenta de las elecciones del 2006 y de la lucha contra el fraude. En 2012 el PRD sucumbió con el Pacto por México en el que se supeditó totalmente a la oligarquía estatal. El libro plantea que la izquierda tiene que ver con el anticapitalismo, lo autogestivo y la autonomía. Se contrasta esta dinámica con lo que ha venido planteando y haciendo López Obrador. El libro amplía la mirada en torno al EZLN y sus búsquedas de alternativas de izquierda. Se va dando seguimiento a diversas iniciativas, como la marcha del color de la tierra. Ante la contrarreforma indígena por parte del estado mexicano, los zapatistas crean los caracoles y lanzan la sexta declaración de la Selva Lacandona. Se realiza un examen de lo que implica la llamada sexta y la otra campaña en 2006. La represión de Atenco tiene un lugar importante en el recuento. Se recuerda el silencio del zapatismo durante un largo periodo, pero también la demostración de su capacidad organizativa en 2012. Se profundiza en cómo la lucha del EZLN se ha ido convirtiendo en una fuerza catalizadora del deterioro de las instituciones estatales al cuestionarlas y prescindir de ellas. Los zapatistas han ido mostrando cómo la otra política crea espacios diversos y generadores de esperanza. Se llama la atención en torno a la audacia crítica y al pensamiento profundo e innovador del zapatismo. El libro aborda la propuesta de una candidatura indígena en una mujer de un pueblo originario. Trata lo relativo a la creación del Concejo Indígena de Gobierno (CIG); hay un seguimiento del caminar de esa candidatura, sus planteamientos y acciones. Hay una instancia en que la resistencia y la organización no pueden andar bajo los ritmos de los tiempos de arriba. En un epílogo se recapitula la crisis de las instituciones antes de la elección del 2018. El hartazgo recurrente de la sociedad aisló y desmoronó cualquier base social de apoyo al régimen siempre autoritario y antidemocrático. Se realiza un examen de lo que implica un masivo voto de más de 30 millones en favor de la candidatura de López Obrador. Hubo una amalgama contradictoria con tal de derrotar lo que había significado el gobierno de Peña Nieto. Estas elecciones colocaron al partido de López Obrador, MORENA, como partido hegemónico, pero también se hace ver cómo el EZLN y el CIG evaluaron de manera muy crítica los resultados electorales. El autor concluye este texto enfatizando la muy larga transición política de carácter histórico que, generada en 1968, no concluirá hasta que se resuelva de manera efectiva y a fondo una transformación real del Estado. La reforma económica neoliberal del Estado debería ser desmontada por medio de una sociedad diversa y plural, organizada autónomamente, impulsada por los pueblos originarios amenazados por la manipulación y el despojo que impulsen transformaciones duraderas. El libro concluye con el planteamiento de que el sueño libertario tendrá que desbaratar y disolver la pesadilla que ha venido prevaleciendo.

Anguiano, Arturo (2019).
Resistir la pesadilla. La izquierda en México
entre dos siglos 1958-2018.
México: UAM. 

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